Estaba mirando a la ventana, cuando sonó el teléfono, me sacó del sueño en el que estaba y me hizo mirar dentro de la casa, no tenía ganas de moverme, la luz del sol que me daba en la cara me hacía sentir calor, ese calor del otoño que sabes que cuando te muevas un poco ya no estará. Pero el teléfono no dejaba de sonar, así que no quedó más remedio que salir del momento de paz que estaba teniendo conmigo misma para contestar.
- ¿Si?
- Le informo soy José Manuel Diaz le llamo desde el hospital, quería informarle que la persona de este teléfono ha tenido un accidente de tráfico y está siendo ahora mismo intervenido.
Sentí un escalofrío, ¿cómo?, ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuándo?, las preguntas se amontonaban en mi mente, pero mi boca no podía articular palabra, sentí un escalofrío y de seguido...
- ¿Perdone?, ¿sigue ahí?
- Si.
Logré decir a duras penas, mientras la persona del otro lado del teléfono me daba algunas explicaciones de como llegar al hospital y cual era la mejor forma de localizar la parte donde poder preguntar por mi marido, mi cabeza no paraba de repetirse las preguntas para poder encontrar la solución de lo que había pasado. Paralizada en mitad del pasillo dejé caer el teléfono y cuando llegó al suelo algo me hizo despertar de mi ensimismamiento.
A duras penas logré avisar a las personas más cercanas, mi madre en seguida me dijo "ni se te ocurra coger el coche en ese estado, no queremos más sustos por hoy" y así hice, bajé, levanté la mano y cogí un taxi al que le di las instrucciones precisas que el tal José me había dado en la llamada telefónica.
Comentarios
Publicar un comentario